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Una ruidosa
muchedumbre se amontonó en el viejo en Los Angeles en el otoño de 1992 para
el descubrimiento de una sutura superestrella.
Oscar De La Hoya, increíblemente
carismático, estaba presenciando una conferencia de prensa para anunciar el
comienzo de su carrera profesional, un par de meses después de haber
obtenido la única medalla de oro del equipo Norteamericano de los Juegos
Olímpicos de Barcelona.
Teniendo aún que entrar a un ring profesional, De La
Hoya se presentaba como un prospecto imperdible, el "próximo
Sugar Ray Leonard".

De La Hoya
Catorce años más tarde y con 33 años de edad, De La
Hoya puede mirar hacia atrás con mucho orgullo por su carrera. Ha ganado
títulos mundiales en cinco categorías distintas, ha participado de algunas
de las peleas más impresionantes de su era, llevó a sus fans a escalas
insospechadas de emoción y ganó más dinero que cualquier otro boxeador de la
historia, excepto uno o dos.
¿Pero acaso el legajo de
De La Hoya como boxeador cumple con
las grandiosas expectativas de aquellos días en que recién comenzaba su
carrera? Los expertos coinciden a rajatabla en que es el primer postulante
al balotaje del Salón de la Fama, pero tienen dificultad describiéndolo como
uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos.
ALTOS Y BAJOS
Las tres peleas más importantes y las tres más
decepcionantes de Oscar De La Hoya
(todas por el campeonato mundial):
Altos
1. Ike Quartey, 13 de febrero de 1999, Las Vegas. Los
invictos boxeadores se establecieron en el sexto round en una dura pelea. En
el duodécimo round, cuando ya parecía que necesitaba el round para ganar la
pelea, De La Hoya se paró punta a punta con su duro y fuerte oponente y lo
derribó-mostrando su destreza.

2. Fernando Vargas, 14 de septiembre de 2002, Las Vegas. La rivalidad era caliente. Y la pelea fue ajustada la mayor parte del tiempo. De todas maneras, De La Hoya, más rápido y mejor, desgastó a Vargas para luego frenarlo con tan sólo 1:48 minutos restantes del round número 11-su victoria más espectacular.

3. Julio Cesar Chavez, 7 de junio de 1996. La completa dominación de De La Hoya se diluyó por el hecho de que Chavez estaba envejeciendo (tenía 33 años de edad, De La Hoya 23) pero el knockout de cuarto round sirvió como el pase de la antorcha del campeón dominante de la vieja generación al recién llegado.

Bajos
1. Felix
Trinidad, 18 de septiembre de 1999, Las Vegas. De La Hoya se mantuvo
firme durante ocho rounds pero luego corrió por el resto de la pelea,
abriendo la puerta de una controversial derrota.

2. Bernard Hopkins, 18 de septiembre de 2004, Las
Vegas. De La Hoya no debería haber subido a la categoría de 160 libras. El
grandote Hopkins se hizo aún más dominante cuando derribó a De La Hoya y con
un golpe sangriento-su única derrota por knockout.

3. Shane Mosley, 17 de junio del 2000, Los Angeles.
De La Hoya se encontraba en desventaja a causa de la velocidad de golpe de
Mosley, pero la pelea fue competitiva. Al final, el para ese entonces
invicto, fue galardonado con una decisión dividida. Fue la primera verdadera
derrota para De La Hoya.


–Michael Rosenthal.
"Sin duda, Oscar aportó con una gran personalidad y
un talento incuestionable", dijo Leonard. "Creo que pasó el test en general.
Pero es muy difícil vivir cumpliendo las expectativas. Es realmente
difícil".
En este caso, el despliegue fue inmenso. Junto con la
medalla de oro llegó el apodo "The Golden Boy", un sobrenombre que
demostraría lo profético en cuanto al negocio pero que le daría poco margen
de error dentro del ring.
Algunos observadores parecen olvidar cuan dominante
fue a lo largo de los primeros cinco años de su carrera, cuando peleó en las
categorías de 130, 135 y 140 libras. En esos pesos, estuvo a 23-0 con 20
knockouts, derrotando a sus oponentes con un talento, tamaño (5'11 pies) y
alcance formidable, velocidad poco usual y un poder devastador.

Y recuerden: Triunfó hasta sin el beneficio de tener
un entrenador establecido, teniendo que trabajar con el inexperimentado
Robert Alcazar antes de rebotar de un entrenador a otro.
De La Hoya nunca tuvo una mano derecha muy confiable.
Es un zurdo por naturaleza, que pelea con la derecha, con lo que su gran
golpe solía ser su gancho izquierdo. ¡Y vaya gancho solía tener en aquellos
días!
Rafael Ruelas, el duro boxeador que obtenía
resultados más altos de lo esperado como campeón de la FIB, sintió el poder
de la mano izquierda en una pelea al descubierto de alto perfil en 1995 en
el Caesars Palace en Las Vegas. Con dos ganchos izquierdos, De La Hoya
derribó a su rival de Los Angeles, siendo el segundo golpe el que terminó la
pelea en el segundo round, dándole así su primer título importante.
Aquella noche, en esa categoría, De La Hoya dio
miedo.
"Oscar podía hacer que un campeón mundial
pareciera un pobre tonto", dijo Eric Gomez, un gran amigo de De La Hoya
y actual realizador de peleas para la firma promocional del boxeador, Golden
Boy Promotions, Inc.
Chavez
Entre sus víctimas de comienzo de carrera: el astuto
John John Molina, contra quien De La Hoya primero demostró que podía ganar
una agotadora pelea; Gernaro Hernández, uno de los mejores boxeadores
técnicos de su era; y Julio César Chávez,
su ídolo a quien se enfrentó y cuyo aura y rostro fueron arrancados por
golpes precisos.

De La Hoya
estaba escalando a la cima. Los quinceañeros se desmayaban y el dinero
comenzaba a rodar a tal velocidad que se convirtió en una de las atracciones
más espeluznantes del deporte. A esta altura, a los ojos de muchos, cumplía
las expectativas de sobra.
Merchant
"Creo que fue en ese momento que las expectativas
desmesuradas comenzaron a tomar forma", dijo el analista de televisión,
Larry Merchant, quien trabajó en la mayoría de las peleas importantes de De
La Hoya. "Y no fue sólo su promotor Bob Arum; fue todo el mundo del boxeo.
Todos querían que se transformase en uno de los más grandes de todos los
tiempos, el próximo Sugar Ray Leonard-o mejor aún".
"Creo que eso se dio a causa de haber tenido
semejante éxito tan pronto. Hasta Arum se dejó llevar mientras lo movía
cuidadosamente de una división a la otra".
Al mismo tiempo, aún cuando estaba arando su camino
hasta las divisiones más ligeras, De La Hoya tenía detractores.
La crítica más común: Era un consentido. Sus
oponentes ya habían pasado su etapa de oro (Chavez y más tarde Pernell
Whitaker por ejemplo) o sino ya habían subido de categoría para pelear
contra un boxeador más grandote (James Leija). Esa percepción fomentó un
segundo podo: "Chicken De La Hoya", la fría creación del veterano escritor
de boxeo, Michael Katz.
Hoy en día, esa etiqueta ya no se aplica. Al final,
De La Hoya peleó contra cualquier boxeador considerado valioso dentro de su
peso. A pesar de no haber tenido un buen enfrentamiento contra el veloz
Shane Mosley, peleó contra él dos veces. Era demasiado pequeño para Bernard
Hopkins, sin embargo tomó su oportunidad en su más reciente pelea. Y el 6 de
mayo, habiendo estado fuera del ring por más de 20 meses, se enfrenta al
rudo Ricardo Mayorga en Las Vegas.
“Peleó contra los mejores. Hay que darle crédito
por eso, especialmente porque no debía hacerlo. Podría haber peleado contra
menos boxeadores y aún recibir buena paga. Pero el tomó el camino difícil,
el se arriesgó”.
— Teddy Atlas, analista de boxeo para ESPN, acerca de
Oscar De La Hoya
Camino hacia la pelea del 6 de mayo, Mayorga jugó con
una gallina viva en su campo de entrenamiento en Miami, en son de burla de
De La Hoya, pero al aceptar la pelea con el capaz Nicaragüense, De La Hoya
demostró estar lejos de ser una gallina.
La mayoría de los observadores ahora aplauden el
hecho de que De La Hoya haya evitado ciertos rivales.
"Peleó contra los mejores", dijo el entrenador
y analista de televisión de ESPN Teddy Atlas. "Hay que darle crédito por
eso. Peleó contra muchachos como Molina, quien podría haberle causado varios
problemas. Y en los últimos cinco o seis años de su carrera, peleó contra
todo aquel que se presentara, por más que no le conviniera, como Mosley por
ejemplo. Peleó contra todos ellos por orgullo, por confianza y por como
quería que lo recordaran.
"Hay que darle crédito por eso, especialmente
porque no debía hacerlo. Podría haber peleado contra menos boxeadores y aún
recibir buena paga. Pero el tomó el camino difícil, el se arriesgó".
Y también pagó un precio por hacerlo.
De La Hoya comenzó su carrera a 31-0 pero está a tan
sólo 6-4 (entre los 25 y 31 años de edad) desde ese entonces, lo que a
primera vista a duras penas puede ser el record de un campeón dominante.
Trinidad
De hecho, otra crítica frecuentemente realizada es
que perdió probablemente las cuatro peleas más importantes de su carrera:
una controversial decisión contra Félix Trinidad en la categoría de las 147
libras en 1999; dos decisiones ajustadas contra Mosley en las categorías de
las 147 y 154 libras en el 2000 y 2003; y un knockout de noveno round contra
Hopkins en la categoría de las 160 libras en el 2004.

Ahora, es importante notar que nadie fuera del campo
Trinidad cree que el Puertorriqueño haya ganado la pelea. De La Hoya lo
apaleó con su llamativa destreza en ocho rounds, aparentemente en camino a
llevarse una decisión determinada.
Luego, y aún por razones poco claras, De La Hoya hizo
lo inexplicable-corrió. Rebotó alrededor del ring y lejos de Trinidad
durante tres rounds porque creía que estaba demasiado adelantado en las
tarjetas como para perder y su corner le dijo o porque se cansó
inexplicablemente, o ambas.
De cualquier manera, resultó ser el remordimiento más
importante de su carrera. Los jueces le dieron a Trinidad una dudosa
decisión mayoritaria pero De La Hoya perdió seguidores a causa de sus
tácticas en los momentos finales de la pelea.
"Lo lamento", dijo De La Hoya en una entrevista
telefónica desde su campo de entrenamiento en Puerto Rico. "Era una pelea
que estaba ganando con facilidad y debería haber ganado. De haber
permanecido con el mismo plan durante los 12 rounds, probablemente lo
hubiera knockeado. No pensé".
"Escuché a mi corner y me equivoqué".
Las peleas contra Mosley fueron ajustadas. De La Hoya
perdió la primera contra el para ese entonces campeón invicto por decisión
dividida en Los Angeles, y la segunda por dos puntos en las tres tarjetas en
Las Vegas. No hay nada por qué humillarse ahí, no contra un boxeador del
calibre de Mosley. La mayoría de los observadores apuntan la velocidad
superior de Mosley como el factor determinante es las peleas.
Luego llegó la derrota contra Hopkins. La elección de
oponente de De La Hoya ahora parece equivocada; hasta el admite que Hopkins
era demasiado para el. De todas maneras, De La Hoya también cayó en
desgracia por la forma en que cayó. Hopkins se estaba convirtiendo cada vez
más dominante cuando aterrizó un gancho izquierdo en el cuerpo que arrojó a
De La Hoya, el que hizo que no se
pudiera volver a levantar.
Permaneció al costado, en agonía por el dolor.
Acaso fue un agonizante golpe al hígado? ¿O acaso De
La Hoya estaba buscando salirse de la pelea?
"Creo que por la forma en que fue derrotado por
Hopkins es una mancha negra", dijo el entrenador y ex boxeador Freddie
Roach, quien cree que De La Hoya será recordado como un gran boxeador. A
pesar de haber sido golpeado por un mediano, fue sólo un golpe al cuerpo. Yo
he sido lastimado por golpes pero jamás experimenté eso.
"Creo que fue un golpe muy duro pero de alguna
manera pensé que se volvería a levantar. Creo que de todas maneras es muy
fácil decirlo".
Irónicamente, las dos victorias más memorables de De
La Hoya llegaron en la categoría de las 140 libras. Cree que su logro más
importante fue levantarse de la tierra para derribar a Ike Quartey en el
duodécimo round para clamar una decisión dividida en 1999. Cualquier duda
acerca de la fortaleza de De La Hoya se evaporó durante el último round de
esa pelea.
"Creo que esa noche di todo. Estoy orgulloso de
ese momento", dijo De La Hoya.
Vargas
Y su victoria contra su odiado rival, Fernando Vargas
en el 2002 probablemente fue su victoria más espectacular. Aquella noche,
peleó como Hopkins, gastando a Vargas hasta tomarlo en el undécimo round.

Ciertamente, esos triunfos pelean contra más de 20
campeones mundiales y muchas performances dominantes en pesos más bajos-sin
mencionar su profundo impacto fuera del ring-le dan credenciales
incuestionables para el Salón de la Fama.
De todas maneras, algunos creen que De La Hoya
desperdició oportunidades para unirse a las peleas de Leonard o
Duran y hasta Chavez en el templo del
boxeo. Entre sus fracasos: Jamás derrotó a un oponente que fuera considerado
el mejor en el momento que De La Hoya lo peleó.
"Tommy Hearns
fue un gran, gran boxeador", dijo Leonard. "Y un gran amigo también. Jamás
ganó la pelea importante, en contra mío, contra
Marvin Hagler. Eso es lo importante,
Jamás se llevó la victoria de la pelea más importante".
"No tengo dudas. Cuando la gente hable de los
mejores boxeadores de esta era, van a mencionar a Oscar. De todas maneras,
si no ganas la pelea más importante, tus credenciales no son tan sólidas".
De La Hoya dificultó su tarea cuando subió cinco
categorías en su carrera.
A medida que fue subiendo-de 130 a 135 a 140 a 147 a
154 y finalmente a 160-su ventaja de peso, velocidad y poder disminuyó. Aún
en la categoría de 140, uno podía ver que sus golpes ya no eran lo mismo. En
la categoría de 154 y ciertamente en la de 160, yo no era un golpeador; era
estrictamente un boxeador.
Otra vez más, los observadores admiran el hecho de
que haya peleado contra todos y en todas las categorías. Sin embargo, hasta
De La Hoya se pregunta si las cosas hubieran sido diferentes de haber
permanecido en pesos más bajos.
“De haber permanecido en la categoría de 140 o
quizás 147, podría haber logrado mucho más. Quien sabe, quizás hubiera sido
considerado el mejor boxeador del planeta.”
— Oscar De La Hoya
"En el boxeo uno es representado por su última
pelea", dijo De La Hoya. "Obviamente, la gente recuerda tus grandes
momentos. De todas maneras tengo un par de buenas victorias bajo mi
cinturón. Comenzando con Ruelas, Hernández y hasta Chávez. El tenía la misma
edad que yo tengo ahora-el tenía 33, yo tenía 23. Y aún estaba en la cumbre
de su carrera".
"Hay veces que la gente se olvida de peleas como esa
y recuerdan mis derrotas. Y hasta las que perdí fueron cercanas. Las dos
derrotas contra Mosley fueron peleas importantes que podríamos haber ganado
cualquiera de los dos. La pelea contra Trinidad debería haber sido mía. La
excepción con la de Hopkins es que fui knockeado con un golpe al cuerpo. Y
tengo una buena excusa para esa: Era un muchachote más grande".
"¿Saben lo que pienso? De haber permanecido en la
categoría de 140 o quizás 147, podría haber logrado mucho más", dijo con voz
de resignación.
"Quien sabe, quizás hubiera sido considerado el mejor
boxeador del planeta. Variar tanto en el peso me dificultó la competencia".
Volviendo a aquella conferencia de prensa de 1992,
las posibilidades parecían ser ilimitadas en gran parte a causa de las
similitudes entre De La Hoya y Leonard.
Y tan como dijo Atlas, es justo comparar a los
boxeadores. Dijo que esa es una de las razones por las que los fans del
boxeo se emocionan por ciertos prospectos, porque vemos el material en bruto
que se necesita para construir una carrera que nos deje impresionados.
Al mismo tiempo, algunos creen que De La Hoya podría
haber sido engañado para fracasar. Después de todo, ¿Cuántos boxeadores
actualmente se convierten en el próximo Sugar Ray Leonard?
"Montó el gran caballo de la fama", dijo Merchant, "Y
todos lo alentaban, todos le decían lo increíble que era, queriendo
proyectarlo a la cima más alta del deporte".
Por Michael Rosenthal